Travesía del Atlántico
Fuente: Library and Archives Canada
Uno de los voluntarios entrevistados en el documental del National Film Board of Canada dijo que recibió cinco dólares y un billete de autobús para desplazarse desde Toronto hasta Nueva York. Allí embarcó con otros voluntarios y turistas a bordo del S.S. Île de France, transatlántico de la Compagnie Générale Transatlantique, con destino al puerto francés de Le Havre. En Francia fueron bien recibidos.
Después de un breve descanso en la capital parisina (fotografía) viaje hacia Perpignan y cruce clandestino de los Pirineos por la noche, en silencio, en grupos de treinta y cinco hombres. Antes de cruzar se obligaba a los voluntarios a cambiar su calzado por alpargatas, aduciendo la igualdad del proletariado, una razón tan absurda que levanta la sospecha de que lo requisado fué revendido en algún mercado negro. El cruce transcurrió sin incidentes notables en su caso, aunque en otros hubo despeños de voluntarios, y los canadienses fueron recibidos entusiasmadamente al otro lado de los Pirineos rumbo a Figueres.
Nota: Los brigadistas se quejarían más tarde de no recibir suministros de ropa y calzado, paquetes postales o remesas de dinero procedentes del extranjero. La corrupción debía ser bastante común en algunos eslabones de la administración republicana.
Todos los canadienses que vinieron a España para incorporarse a las filas del bando republicano, primero con los batallones norteamericanos Abraham Lincoln y George Washington, de los cuales se desgajó el Mackenzie-Papineau el 1 de julio de 1937, vulneraron la Ley de Alistamiento Extranjero promulgada el 10 de abril de 1937 por el gobierno liberal del Primer Ministro canadiense William Lyon Mackenzie King. El rotativo "The Montreal Gazette" en su edición del 22 de febrero de 1939 recordaba que dicha ley declaraba la nulidad del pasaporte canadiense para "viajar a España o a cualquier isla española o posesión española en Africa" y advertía que los infractores podrían ser castigados con una pena máxima de dos años de prisión, con o sin trabajos forzados, y/o con una multa de hasta dos mil dólares. Asimismo la ley penalizaba el reclutamiento de voluntarios y también al propietario de cualquier medio de transporte que fuera utilizado por ellos para llegar a España. La dedicación y entrega de los brigadistas quedó plasmada en su desenfadado desplante a esta legislación. La norma seguía vigente en 1980 e impidió el reconocimiento oficial de los integrantes del batallón Mackenzie-Papineau como veteranos de guerra.