13. San Pedro de Cardeña

Monasterio de San Pedro de Cardeña

Monasterio de San Pedro de Cardeña
Fuente: Campo de Concentración de San Pedro de Cardeña en Burgos. burgosdijital


Muchos sino todos los integrantes del batallón Mackenzie-Papineau capturados por el bando nacional de la Guerra Civil Española fueron hacinados en la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña ubicada once kilómetros al sureste de Burgos en un altiplano de casi mil metros sobre el nivel del mar y con un clima que los lugareños tipifican de "nueve meses de invierno y tres de infierno".

Las condiciones de vida en San Pedro de Cardeña eran similares a las condiciones de vida en el campo de concentración de Valdenoceda noventa y cinco kilómetros más al norte.

El penal de Valdenoceda pasa a la historia de la represión franquista como uno de los más terribles. Por testimonios de vecinos del pueblo la gran mayoría de los presos que fallecieron entre sus muros lo hicieron de hambre. Las enfermedades se propagaban también entre los presos. Si algo recuerdan los presos como terrible eran las chinches que les atacaban cada noche.

La situación de los reclusos quedó perfectamente reflejada gracias a los dibujos del pintor y dibujante socialista José Robledano que estuvo preso en Valdenoceda. Según los testimonios las torturas y los castigos eran constantes. Por debajo de la prisión pasaba el río cuya agua utilizó la fábrica para mover las máquinas. Una vez que se constituyó en prisión, las zonas inferiores del edificio se utilizaban como celdas de castigo. Cuando el agua subía el preso quedaba cubierto hasta la cintura o el cuello. Así los tenían durante horas por “delitos” como no cantar el Cara al Sol o no formar bien la fila. El hambre y las enfermedades diezmaban una población penitenciaria que sufría las consecuencias de la victoria del fascismo.32

 

José Robledano. Todos Los Rostros. La Vida En el Campo de Concentración de Valdenoceda

José Robledano Torres José Robledano Torres José Robledano Torres

Fuente: Todos Los Rostros


Louis Noah Ornitz

Louis Noah Ornitz

Nota: Louis Noah Ornitz alias Lou Ornitz (1912-1983) nació en Nueva York. Fué marinero y organizador de trabajadores con el Congress of Industrial Organizations. En España sirvió en el Regimiento de Ferrocarriles y como mensajero en la brigada motorizada. Fué hecho prisionero el 26 de julio de 1937 en Brunete y fué liberado el 18 de octubre de 1938 dentro de un intercambio de prisioneros de guerra. Sirvió en la Segunda Guerra Mundial con la 3ª y con la 77ª División del ejército norteamericano.

Lou Ornitz escribió un librito titulado "Captured by Franco" que fué publicado por los Amigos del batallón Abraham Lincoln en mayo de 1939. En la contraportada advierte al lector de que omitirá la descripción de ciertos incidentes porque las autoridades fascistas le habían recordado al salir de la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña que todavía quedaban compañeros suyos en ella y que por tanto debiera tener cuidado con lo que dijera afuera.

Los siguientes datos están extraídos de su libro. Los periódicos de William Randolph Hearst difamaban a los voluntarios americanos llamándoles gentes que "querían matar curas y violar monjas" (p. 6). Ornitz dice que fué apresado por los moros (p. 11). Llevado a un cuartel fué interrogado por un general español, un agente alemán de la Gestapo y un oficial italiano del Servicio de Inteligencia Militar, los tres hablaban un perfecto inglés con acento de Oxford (p.13). Los españoles que habían sido capturados con él fueron fusilados y cayeron gritando, "Viva la República". Después del interrogatorio Ornitz fué obligado a caminar dos horas hasta una pequeña iglesia donde fué encerrado junto con otros 34 brigadistas internacionales (p. 15). Todos fueron apaleados brutalmente por moros corpulentos bajo orden de un capitán español bajito (p. 16). Quedó inconsciente durante tres semanas. Recobró la consciencia gracias a los cuidados de un joven brigadista alemán llamado Albert, de un austríaco de diecinueve años llamado Fritz y de Robert un francés de mediana edad. Luego fué transferido de prisión en prisión. En una cárcel-castillo cada internacional estuvo encerrado en un calabozo pequeño sin ventanas. Estuvieron en total oscuridad por un número indefinido de semanas, posiblemente dos y media, y después fueron sacados abruptamente afuera a plena luz del día juntos (p. 18). Cegados, les aguijonearon con bayonetas y Ornitz oyó a la gente mofarse de ellos y llamarles "locos extranjeros" (p. 19). Esta tortura se repitió una vez.

Ornitz transitó por una serie de cárceles y campos de concentración, casi nunca quedándose más de dos o tres semanas en un mismo sitio (p. 20). Las palizas eran frecuentes. Después de un tiempo terminó en la cárcel-plaza-de-toros de Trujelo [N.T. Ornitz querría decir Trujillo, situado en la provincia de Cáceres a 165 kilómetros de la frontera portuguesa]. Allí él y sus compañeros contabilizaron tan solo 17 sobrevivientes de los aproximadamente 1.000 brigadistas internacionales que se decía haber sido capturados en las cercanías de Madrid (p. 20). En la noche que Teruel cayó en manos republicanas los prisioneros fueron apaleados horriblemente desde las 6:00 de la tarde hasta las 3:00 de la madrugada siguiente (p. 21). Un sacerdote vasco murió a consecuencia de la paliza. Albert el brigadista alemán sufrió dolores muy fuertes de cabeza. Permaneció dos días en "cama" (una manta fina encima del suelo de piedra) antes de que viniera a verle el médico de la prisión. El médico deslizó su pie bajo el costado del yaciente y le dió media vuelta, le observó sin agacharse y se marchó diciendo, "Estaría mejor muerto". A ruegos de los prisioneros recomendó que administrasen una aspirina al enfermo. Albert quedó tirado en el suelo un día y medio más gritando de dolor. Al final quedó en silencio por algunas horas con sus ojos hinchados y después murió (p. 22).

Los internacionales fueron transportados de Trujillo a Santander donde fueron paseados encadenados por las calles (p. 23). Los prisioneros españoles del campo de concentración les contaron que dos semanas antes las autoridades fascistas habían llenado dos camiones con muchachas y mujeres de entre los 16 y 22 años de edad, las habían sacado a los arrabales y ejecutado con ametralladora. Todos los santanderinos fueran invitados a presenciar la matanza. Las jóvenes gritaron "Viva la República" antes de ser abatidas (p. 26).

Y de Santander a la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña donde se topó con los prisioneros de la XV Brigada Internacional. Durante la inspección de entrada un sargento bajito golpeó la cara de cada recién llegado con un palo que llevaba en su mano por no darle el saludo fascista (p. 27). Ornitz contabilizó 450 brigadistas internacionales presos, a los cuales las autoridades añadieron unos 200 españoles para cubrir el cupo de futuros canjes de prisioneros (p. 30). Todos los reclusos estaban obligados a oír misa (p. 32). Los 650 reclusos estaban albergados en dos pisos y sendas salas húmedas, ventiladas y sin cristales. Cada sala-celda medía 7,5 metros × 46 metros aproximadamente. Había un total de 5 lavabos y 5 letrinas (p. 33). Los presos eran llevados a bañarse cada dos meses en un río situado a dos kilómetros y medio del monasterio (p. 37). No les fueron proporcionadas ni colchonetas ni mantas por varios meses (p. 33). Muchos presos andaban descalzos. Los veteranos españoles comentaron que solían morir dos reclusos por día durante el invierno (p. 33).

Un día normal transcurría así. 5:30 de la mañana, toque de diana e izado de bandera. Desayuno: Plato de agua caliente mezclada con aceite de oliva, habas, ajo y un poco de pan. Clases hasta la sesión de ejercicio (correr). Clases. Almuerzo: Sopa de habas con una sardina y gusanos. Clases. Sesión de despiojarse. 6:30 de la tarde, cena igual al almuerzo. Arriada de bandera y sermón religioso. La cena era un tanto especial cuando venía el cónsul americano, el encargado de negocios británico o algún personaje importante a visitarles. Esto sucedía cada tres meses. El recuento diario de enfermos rondaba entre 75 y 100. Las enfermedades más comunes eran fiebre alta, reumatismo, diarrea aguda, disentería y escorbuto. Pedir una aspirina a la enfermería y recibirla tardaba una semana (p. 37).

Agentes de la Gestapo solían visitar el campo de concentración para interrogar a los prisioneros. Algunos brigadistas internacionales alemanes e italianos intentaron evadirse pero fueron capturados y fusilados (pp. 40-41).

No creo que sea acusado de patrioterismo cuando afirmo que los norteamericanos desempeñaron un rol preeminente en la preservación de la alta moral de los reclusos. Tomamos la iniciativa de organizar las clases y fuímos nosotros quienes hicimos de instructores. Fueron los americanos quienes organizaron el entretenimiento de la tarde noche. Lideraron las sesiones de cantar, actuaron en obras de teatro y cortos cómicos e introdujeron a los demás en pequeños torneos competitivos de habilidades varias. También enseñaron a los demás cómo esculpir piezas de ajedrez con huesos, madera o jabón (recibíamos pastillas de jabón de vez en cuando). Y editaron un periódico de prisión que reflejaba la vida de la cárcel, abordaba las condiciones de vida de los reclusos y discutía las campañas y manifestaciones que hacíamos. La orquesta de hojalata también fué idea suya. Resumiendo, el espíritu que reinaba entre ellos se propagó por todas las organizaciones y clases que fueron instituídas en el Instituto de Enseñanza Superior de San Pedro de Cardeña (p. 41).
Tom Jones

Tom Jones

Morien Morgan

Morien Morgan

Tom Adlam

Tom Adlam

Nota: Tom Jones, Morien Morgan y Tom Adlam fueron tres brigadistas internacionales galeses entrevistados por la B.B.C. en el documental "The Colliers' Crusade" (La Cruzada de los Mineros del Carbón) realizado en 1979 acerca de la participación galesa en la Guerra Civil Española. Este documental aparece ahora en Youtube troceado en quince partes o vídeos. Los tres galeses estuvieron presos durante algún tiempo en la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña y sus testimonios, presentados a continuación, están extraídos de partes 13ª, 14ª y 15ª de la serie.

Tom Jones describió la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña como "un lugar terrible, una verdadera prisión infernal" (13ª, 0:25). Fué asignado una manta y un espacio de unos 17 centímetros de ancho en un pasillo; en dos días estaba cubierto de piojos (13ª, 3:12). Había una bañera y un retrete para 250 presos, la fila de espera para usar la instalación era perpetua (13ª, 4:22). La carcel tenía un hospital con capacidad para diez enfermos, pero todos los que entraban allí salían muertos. Las palizas eran la norma por cualquier infracción leve. Si la infracción era grave la persona era llevada para nunca más volver (13ª, 5:27). Más del 10% de los reclusos sufría enfermedades de la piel o tuberculosis (13ª, 7:25). Como consecuencia del hambre él tuvo maravillosos sueños de banquetes (13ª, 8:20). El campo de concentración albergaba 7.500 presos cuando su capacidad normal hubiera sido 500. Había 600 presos condenados a muerte y todos fueron ejecutados en el transcurso de los doce meses que él estuvo allí (14ª, 5:15).

Morien Morgan describió las condiciones de vida en la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña como "francamente horribles"; los aproximadamente 500 brigadistas internacionales habitaban dos pisos superiores; todos llevaban la cabeza rapada y su única vestimenta era una camisa, pantalones finos y alpargatas. El monasterio era un edificio muy frío y las ventanas carecían de cristales (13ª, 2:02). Algunos reclusos enloquecieron por culpa de la plaga de piojos; no había ni jabón ni donde lavarse (13ª, 4:48). El desayuno consistía en una sopa de ajo. El almuerzo era un plato de lentejas, dos sardinas muy saladas y un panecillo de unos cien gramos. La cena sobre las 7:00 de la tarde era una repetición del almuerzo (13ª, 7:32). Los sargentos de la guarnición eran unos salvajes, no así los cabos y los guardias. De hecho un cabo de aspecto malévolo, feísimo, resultó ser "la sal de la tierra" porque llevaba comida y mantas a los reclusos enviados a los calabozos y se desplazaba a Burgos para dotar a los demás de libros, libretas, plumas, tiza y tabaco (14ª, 6:42). Dadas las condiciones de vida se observó un rápido deterioro en la salud física y mental de los presos, por lo que se organizaron clases. La temática inicial fué inglés y español. Al contar con unos cincuenta presos que eran graduados universitarios se ampliaron las asignaturas ofrecidas a Química, Física, Matemáticas, Geografía, Economía, Arquitectura y Telegrafía Sin Cable. Esta actividad intelectual frenó la desmoralización de los reclusos (14ª, 7:38). Gracias al correo que él recibía de casa y a la frenética actividad parlamentaria de su diputado galés en Gran Bretaña, Morien Morgan se convirtió en la fuente fidedigna de información sobre una posible liberación de los prisioneros de guerra (14ª, 9:00).

Tom Adlam cuenta una anécdota que circunstancias aparte resulta algo graciosa. Como ya quedó dicho en la narrativa de Ornitz todos los reclusos estaban obligados a oír misa. Fué en una de ellas que el cura abrió la homilía con la acostumbrada frase:

Hermanos míos—. Adlam entendía poco español, pero tenía a su lado un brigadista irlandés que lo entendía.

El cura prosiguió y Adlam vió que su compañero se ponía lívido.

—¿Qué pasa? ¿Qué está diciendo?—le preguntó en voz baja.

Hermanos míos—respondió el otro—si por mí fuera os ametrallaba a todos (14ª, 1:50).

Tom Adlam fué liberado en un canje de prisioneros de guerra (15ª, 1:10). Antes de salir fué nombrado líder del grupo por ser el más veterano. Bajo su liderazgo formaron y salieron de la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña con la frente alta, pecho fuera y espalda erguida. Un brigadista que marchaba a su vera empezó a cantar "Jarama Valley" (cantado en el vídeo que encabeza el Capítulo 3) y "No Pasarán" y todos se sumaron a él y recorrieron el trayecto cantando desde el monasterio hasta el puente del intercambio [N.T. probablemente el puente sobre el río Arlanzón a dos kilómetros y medio de distancia]. Iniciaron el cruce dando el saludo republicano y fueron recogidos por tropas francesas en medio del puente.

Lou Ornitz salió de la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña el sábado 8 de octubre de 1938 junto a trece norteamericanos más en un canje de prisioneros de guerra bajo un acuerdo gestionado por el embajador de los Estados Unidos. Al llegar a Hendaya los Amigos del batallón Abraham Lincoln les proveyeron de ropa nueva y les ofrecieron una comida de huevos con jamón y bistec, "la primera comida decente que podamos recordar", dijeron los ex-presos.33

Según The Milwaukee Journal los ex-presos hablaron no poco de la visita al monasterio de una mujer aristócrata que hablaba inglés [N.T. probablemente la duquesa de Atholl]. Aunque no llegaron a verla estaban agradecidos porque gracias a su visita las autoridades del campo de concentración les proveyeran con ropa limpia de segunda mano, la primera muda en meses. Uno de los liberados, Frederick Stix, alabó la valentía de cuarenta brigadistas griegos en Belchite. "Aguantaron hasta el final sobre una colina fortificada", dijo Stix, "estoy convencido de que no hubo un solo superviviente".

Morien Morgan fué liberado el 5 de abril de 1939 con otros ciento cinco presos escoceses, ingleses, galeses, irlandeses, canadienses y suizos.34

Mark Fajardo, Carl Geiser y Claude Pringle salieron juntos el 22 de abril de 1939, veintiún días después de que terminase la Guerra Civil Española. El brigadista galés Tom Jones afirmó en el documental "The Colliers' Crusade" que finalizada la guerra el gobierno norteamericano comenzó a pagar por la liberación de sus ciudadanos, un ejemplo secundado por el gobierno británico (15ª, 3:22).

El 22 de febrero de 1940 fueron liberados los siete últimos norteamericanos.35

Tom Jones regresó a Gales en abril de 1940 (15ª, 3:22). Su liberación fué consecuencia de la oferta del gobierno británico a Franco de un préstamo de 2.000.000 £ más un intercambio comercial.

El último brigadista internacional preso en la cárcel-monasterio de San Pedro de Cardeña fué el irlandés Frank Ryan (1902-1944) jefe de la columna Connolly. Maltratado y torturado, fué trasladado enfermo a Alemania el 25 de julio de 1940.36