El médico cirujano Norman Bethune es el canadiense más famoso de cuantos vinieron a España para luchar en la guerra civil al lado de la Segunda República.43
El cirujano canadiense Norman Bethune (1890-1939), hombre con un hondo compromiso social, tuvo una breve pero intensísima trayectoria vital. Después de participar en la Primera Guerra Mundial ejerce la medicina en los Estados Unidos. Tras contraer tuberculosis en 1926 y verse desahuciado logra no sólo curarse sino protagonizar un desarrollo innovador de la cirugía torácica, llegando a inventar numerosos instrumentos quirúrgicos empleados en su cruzada contra la tuberculosis.Pero la condición de médico de éxito no le satisface y tras cultivar la medicina social en Montreal y viajar a la Unión Soviética, Bethune llega al Madrid en guerra el día 3 de noviembre de 1936 a fin de poner sus conocimientos al servicio de la causa republicana. Funda el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre, la primera unidad móvil que se crea en el mundo, y salva numerosas vidas mientras se empapa de todo el complejo dramatismo de la contienda española. En 1937 regresará a Canadá, trabajando para recaudar fondos en apoyo de la II República.
El retorno de Bethune a Canadá fué forzado por las autoridades españolas.
En la primavera de 1937 el gobierno español asumió el control del servicio de transfusiones tal como hizo con las otras organizaciones creadas durante la guerra. Bethune reaccionó duramente y a veces, cuando había bebido demás, expresaba su censura de forma virulenta. Su trato con las autoridades españolas, tensa de por sí, empeoró. En el clima de sospecha engendrado por la guerra, su personalidad, a la vez autoritaria, colérica, individualista y llena de carisma, así como el éxito de sus iniciativas que rivalizaban con el trabajo de algunos médicos españoles resultaba inquietante y generaba ansiedad.Desde entonces su relación con sus superiores se tornó aún más crispada. También surgieron problemas con algunos colegas, quienes insistían que fuese enviado de vuelta a Canadá. Además, según ciertos documentos archivados que pueden consultarse ahora, Bethune fué víctima de la paranoia que prevalecía en Madrid por aquel entonces. Se le sospechaba de ser un espía porque tomaba notas sobre la ubicación de puentes y cruces de caminos; también estaba viéndose con la periodista sueca Kajsa von Rothman, una mujer de quien las autoridades españolas sospechaban, creyéndola ser una espía fascista. Fué con este telón de fondo que en mayo de 1937 Bethune fué conminado a regresar a Canadá.44
Según los historiadores Roderick y Sharon Stewart, co-autores del libro Phoenix: The Life of Norman Bethune, Bethune escribió el siguiente poema a raíz de la toma de Illescas por las tropas fascistas (18 de octubre de 1936).
RED MOON (Luna Roja)
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And this same pallid moon tonight
Above the shattered Spanish mountain tops
To that pale disc we raise our clenched fists |
Y esta misma luna descolorida que esta noche
Por encima de las cumbres españolas resquebrajadas
A ese disco descolorido nuestros puños cerrados alzamos |